DIGNIDAD

Según nuestro diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE), en su acepción tercera, dice:

“Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse.”

O sea, para que todos lo entendamos, lo que brilla por su ausencia en una gran mayoría de nuestra actual clase dirigente, y ojo, que no generalizo porque las generalizaciones nunca se corresponden con la realidad.

Siempre he dicho que entre nuestros políticos los tiene que haber buenos, dignos, responsables, pero o son tan poquitos que no se les ve o están ensombrecidos por la marabunta de indignos, arribistas, parientes, barrigas agradecidas y toda una caterva de personajes, que se dedican más a hacer su agosto y el de sus adláteres que a mirar por el destino de nuestro país y de sus ciudadanos.

No es mi intención aburriros con las miles de mentiras que todos hemos tenido la oportunidad de ver en directo por las televisiones o por las distintas redes sociales, pero sí quiero hacer hincapié en que parece ser que estamos estancados en esta podredumbre crónica de la que nos va a costar mucho sudor y esfuerzo salir.

Y por si no tuviéramos ya bastante con lo anterior, el maldito compañero de viaje desde hace más de un año, se empeña en no dejarnos tranquilos, causando miles de desgracias personales y familiares y un cuasi suicidio económico, que por ende y por si faltaba algo, también redunda y muy gravemente en las economías domésticas de miles y miles de familias, de muchos cientos de miles de ciudadanos que carecen y no pueden acceder ni a lo básico.

Parece que la mediocridad se ha instalado en nuestra sociedad con raíces bastante profundas, y tan es así que muchos de nuestros actuales dirigentes la usan como bandera de la que enorgullecerse, y la enarbolan con la arrogancia y el orgullo de las cosas excepcionales, cuando no dejan de ser, como ya decíamos, mediocridades.

Pero todavía hay algo más que me preocupa y es que el futuro que se adivina no es nada halagüeño, pues la maquinaria de poder está tan bien pertrechada y engrasada por las huestes incondicionales que ya he mencionado anteriormente (indignos, arribistas, parientes, barrigas agradecidas, etc.), que difícilmente el salir de esta etapa siniestra va a costar mucho tiempo y esfuerzo, si es que tenemos un poco de suerte y lo conseguimos.

Personalmente lo tengo muy claro; hay partidos políticos que jamás tendrán un voto mío, pues como hace mucho tiempo me decía un buen amigo, “si te engañan una vez, es culpa de ellos, pero si te engañan dos veces, es culpa tuya.”

Trataré por todos los medios de que jamás sea culpa mía.

Que ustedes sigan bien.

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Acerca de Roberto Balboa

Me gusta viajar, leer, la naturaleza y los animales, aunque no desprecio una buena conversación al fragor de una crepitante chimenea con unos vinillos de la tierra.
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