Esta puta crisis…

Nos guste o no, la inmensa mayoría de curritos de este país, y la inmensa mayoría de autónomos y pequeños y medianos empresarios, nos estamos viendo envueltos en este “peazo” de crisis que nos tiene cogidos por los “machos”.
Está muy extendido, es de dominio público, y casi todos creemos en ello a pies juntillas, que la culpa es del gobierno y de ZP.
Y no seré yo el que diga que no, pero sí seré yo el que amplíe ese marco de culpa, pues si bien es verdad que muchísima de la culpa la tiene el gobierno y ZP a la cabeza, también es verdad que hay otros poderes fácticos que tienen la misma o más culpa de lo que nos ocurre que el gobierno y ZP.
Sí, amigo. Detrás está el gran capital, ese que controla todo o más, ese ante el que rinden pleitesía éste y todos los gobiernos del mundo, ese que lo dirige todo, aunque casi nunca se sepa quién es exactamente.
Pero empecemos por el principio, para que nos vayamos enterando poco a poco.
EEUU, sí. Y, por supuesto, sus grupos de presión, que no son ni más ni menos que el gran capital; no ese ricachón que tiene 1.000 millones de dólares; ése es un pobre infeliz. Cuando hablamos del gran capital nos referimos a las grandes fortunas del mundo, esas que cuando su capital baja de 15 o 20.000 millones de dólares se ponen a temblar. Y si al principio he dicho EEUU, no es ni más ni menos porque esas grandes fortunas son las que dirigen al todopoderoso, igual que a los demás. Nos guste o no.
Si hubiera que fijar un punto en el que pudiéramos decir que fue donde arrancó la actual crisis mundial, estoy seguro en que nadie me contravendría, si dijéramos que el punto de salida podríamos fijarlo en las hipotecas “subprime” que EEUU y sus bancos vendieron por todo el mundo, como si se tratara de un chollazo a precio de ganga; el resultado del chollazo lo hemos visto y nos ha afectado a todos después. Ellos vendían mierda, con perdón, y nosotros comprábamos lo mismo, creyendo que comprábamos oro del bueno.
Para que se entienda un poco mejor qué es una hipoteca “subprime”, diremos que podemos definirla de la siguiente manera:
Las hipotecas “subprime”, bautizadas en español como hipotecas de alto riesgo o hipotecas basura, tienen como factor común lo que califican las entidades financieras como baja calidad de riesgo crediticio y en compensación condiciones bastante elevadas para el cliente.
Comentemos algunas de las características más frecuentes, con la consideración de que cada oferta puede incidir en mayor o menor medida en cada uno de estos aspectos:
1) No cumplen los estándares de calidad del riesgo crediticio habituales:
• Nivel y justificación de ingresos.
• Estabilidad en el empleo.
• Presencia de filtros de morosidad.
• No se requieren avalistas.
• No se solicita al cliente la documentación de un expediente mínimo (en Estados Unidos se estaban desarrollando las “no-doc mortgages”, en las que las entidades no exigían ninguna documentación a los clientes).
2) Ofrecen facilidades adicionales:
• Sistemas de amortización creciente.
• Tipos inicialmente bajos.
• Plazos de amortización elevados.
• Repuesta rápida a la solicitud del cliente.
3) Condiciones económicas elevadas:
Bajo un tipo inicial “gancho” que puede ser muy bajo y una cuota asequible, se “esconden” unos tipos que pasado dicho periodo inicial son bastante más elevados que los de una hipoteca convencional.
Del mismo modo, las facilidades iniciales (carencia, plazos elevados, etc.) también incrementan de forma considerable los intereses de la hipoteca.
4) En gran medida estas hipotecas se venden a las firmas de inversión, que las utilizan para ofrecer a los inversores (a través de fondos de inversión, planes de pensiones, etc.) grandes rentabilidades con el respaldo que hasta la fecha suponía la operación hipotecaria.
Por tanto, podríamos decir sin temor alguno a equivocarnos, que las hipotecas basura y cuantos especularon con ellas, tuvieron gran parte de culpa. Sin duda.
Mientras, en España, lo que dio en llamarse “el ladrillazo”, seguía unos estándares crediticios, más propios de las hipotecas basura y más cercanos a éstas, que a los estándares que siempre habían presidido los créditos en España y que había caracterizado a nuestros bancos, cajas y cooperativas de crédito. ¿Y quién o quienes había detrás de éste cúmulo de despropósitos? Pues muy fácil, y ahora os lo razono.
Por un lado el ansia inconmensurable de promotores, constructores y demás allegados, por hacerse ricos pronto y a costa de lo que fuera menester hacer. Por otro, la vorágine especulativa de nuestros bancos, cajas y cooperativas de crédito, que imponían un ritmo espartano y unos objetivos a sus empleados para colocar las hipotecas, más propios de los tiempos de Esparta y Roma que de estos tiempos.
Las hipotecas se daban en aquellos tiempos casi como los teléfonos móviles al principio; ibas al barbero a pelarte y te regalaban el móvil.
Poca seriedad, menos criterio, y así nos ha ido.
Y no podemos dejar de lado al Banco de España, que toda la vida se ocupó de controlar y supervisar a los bancos, cajas y cooperativas de crédito, y que en un momento dado, a todas luces, hizo dejación de sus funciones y permitió que los créditos se dieran sin el más mínimo rigor. Eso sí, muy poco después, por medio de su Presidente, dio el salto de la economía a la política, dejándose ver con bastante más frecuencia de la deseada en telediarios y periódicos, recomendando la flexibilidad laboral y otras bagatelas poco propias de su misión principal. Si un servidor hubiera tenido poder, éste señor habría sido cesado fulminantemente, no sólo por haber hecho dejación de sus funciones y no haber cumplido con su deber, sino por dedicarse, o al menos intentarlo, a labores que no eran propias de su cargo y que no le competían.
Por tanto, también podemos decir sin miedo a equivocarnos, que desde el Banco de España hasta el último banco, caja o cooperativa de crédito de este país, también han tenido su parte de culpa en esta puñetera crisis.
Por supuesto, que no vamos a pasar de soslayo sobre nuestra clase dirigente, sobre nuestra clase política, pues ellos también han tenido su buena parte de culpa en este desaguisado de la crisis. Y la han tenido por hacer dejación de sus funciones; unos por la parte económica, los que han permitido las tropelías bancarias y han vilipendiado los fondos del erario público, otros por la parte social, pues estaban más preocupados de su propia situación y la de sus familiares, amigotes y conocidos, que de la situación de quienes les dimos la oportunidad de dirigirnos. Y sólo quiero hacer mención con esto a aquellos que tienen sus manos limpias, a aquellos que no nos han robado, pues si habláramos de los que sí nos han robado, y está demostrado, mi pobre ordenador no tendría capacidad para contener los ríos de tinta que se podrían verter, y tal vez yo no viviera lo suficiente como para que me diera tiempo a contároslo, si es que era capaz de llegar a terminar de escribirlo algún día. Y eso, que obviamente no podría contaros nada sobre aquello que desconozco o que no ha sido probado mediante sentencia firme.
Por tanto, y también sin temor a equivocarnos, podemos decir que gran parte de la culpa la tienen muchos de nuestros dirigentes políticos. Ellos.
Y en el último escalón estamos nosotros, la clase media, la más abundante en el país.
Sí, nosotros también hemos tenido nuestra buena parte de culpa en la crisis, y como en todos los grupos comentados anteriormente, que se salve el que pueda.
Y no hablo de oídas, pues me ha tocado vivirlo desde muy cerca por trabajar donde lo hacía, en un Banco.
Si tú eres una persona normal (aunque en estos tiempos que corren, más bien deberías llamarte privilegiado), con un trabajo estable, que ganas alrededor de 1.100 euros al mes y quieres comprarte una vivienda, tú por mucho que quieras, no puedes comprarte una mansión de lujo, ni tampoco un piso de 250.000 euros, porque cuando te queden 400 o 500 euros, en el mejor de los casos, para comer, vestirte, el coche, los gastos de la casa de luz, agua, teléfono, gas, IBI, etc., tú, antes o después y en el mejor de los casos estarás condenado a no poder pagar la hipoteca, eso suponiendo que no hayas perdido el trabajo antes.
Pues muchísima gente se metía en eso y más, pues ya que estaba, la hipoteca se inflaba al máximo y de camino se compraba el cochazo de su vida, amueblaba la casa a tutiplén y no le faltaba ni leche de hormiga.
Pero es que además, en su previsible y anunciada caída, arrastraba tras de sí a sus pobres padres pensionistas, al hermano de turno o al bueno de su amigo, que lo avalaron de mil amores, no queriendo pensar nunca que pudiera darse una situación indeseable.
Por tanto, también nosotros, y como decía antes que se salve el que pueda, hemos contribuido a fomentar la llegada de esta puta crisis.
Pues ahora, amigo, si miras hacia atrás en lo escrito, dime si queda alguien que no haya tenido culpa en la crisis. Por supuesto que todos no hemos influido de la misma manera ni en la misma proporción, pero sí que ahí estamos todos.
Y que se salve el que pueda.
Esta es mi visión de la crisis a grandes rasgos. Todos los hechos a los que aludo están profusamente constatados y no he querido ni pretendido hacer alusiones personales.
Para no hacer esto muy cansado, he preferido dejar para otro día, hablaros sobre el gran capital, ese que nombraba al principio, y sobre sus muy variados esbirros, principalmente las tres grandes agencias de calificación internacional. ¡¡¡Casi “ná”!!!

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Acerca de Elpimo

Me gusta viajar, leer, la naturaleza y los animales, aunque no desprecio una buena conversación al fragor de una crepitante chimenea con unos vinillos de la tierra.
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