QUIEN ROMPE PAGA Y SE LLEVA LOS TIESTOS

Siento haber tenido que llegar a estos extremos, pero no me queda más remedio que entonar la celebérrima frase de nuestros años mozos “mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa”.

Y es que no puedo hacerlo de otra manera, pues realmente soy el único culpable y, por tanto, y como siempre se ha dicho, “el que rompe paga y se lleva los tiestos”.

Se me olvidó, sí, sencillamente se me olvidó cerrar el grifo cuando me iba de la casa, y un cúmulo de desgraciadas circunstancias se aliaron en mi contra y como resultado le dejé el piso a mi vecino de abajo hecho unos zorros; no sólo las paredes, algunos cuadros de autor que ya veremos en cuánto los tasan, muy posiblemente gran parte de la instalación eléctrica del piso, bastantes muebles que han quedado inservibles y todo lo que contenían, que por desgracia no era poco cosa, pues da la casualidad que mi vecino es un coleccionista empedernido de libros y sé que son bastantes los originales incunables (impresos antes del año 1500) con los que contaba en su colección, y ojo, no es que lo diga él, es que yo he tenido el placer de tenerlos en mis manos, de ahí que sepa con total seguridad que es cierto. Además, también me ha dicho el vecino que tiene algunos aparatos eléctricos y algunos electrodomésticos que parece ser que tienen mal apaño, por lo que también sumarán para el importe final, importe que me tiene un poco…

En fin, resumiendo, que ahora veremos a ver qué es lo que opina el seguro, que menos mal que lo tenía, porque si no hubiera sido directamente una ruina. No obstante, mucho me temo que por muy bien que se porte el seguro, servidor también tendrá que contribuir al descalabro con los exiguos ahorros que esta situación dramática de pandemia me ha dejado en el Banco al igual que a muchos de mis compatriotas.

Lo bueno, es que gracias a Dios no ha habido desgracias personales, porque eso no hubiera tenido remedio; todo lo demás, de una u otra manera se arreglará.

En fin, como ya os decía, aplicando el principio del mea culpa… no hay más remedio que apechugar con mi error y repetir y llevar hasta sus últimas consecuencias aquello de “el que rompe paga y se lleva los tiestos”.

Yo al menos no veo otra solución cabal y legal como esta.

¿Y vosotros, qué pensáis, qué opináis? ¿Veis alguna otra solución que pudiera ser más ventajosa para mí?

Pues bien, gracias a Dios todo lo anterior acabo de inventarlo, no ha pasado nada que se le parezca ni remotamente, pero quería poneros por unos momentos ante esa tesitura de desastre, y que recordarais como han actuado siempre las personas con dignidad y con honradez y todas aquellas instituciones, entidades, gobiernos, etc., que han existido principalmente para velar por el bienestar de sus ciudadanos.

Y ahora, he aquí mi planteamiento.

Si un país, de cuyo nombre no quiero acordarme (como decía nuestro ilustre Don Quijote de la Mancha) pero que todos conocéis, tiene el fallo de dejar una puerta abierta, y como consecuencia de ese fallo un virus muy peligroso escapa de la habitación, se propaga por el mundo, mata a millones de personas, deja muy tocadas a otras muchas personas, le da un zigzagueo a la economía mundial de padre y muy señor mío, manda a millones de personas al paro, crucifica a millones de pequeñas y medianas empresas y condena a la angustia a millones de autónomos, arrastrando entre todos ellos la vida (miserable vida) y milagros de pequeños y abuelos, incluyendo en medio a todos los demás, entonces ¿qué hacemos?

Yo lo tendría muy claro, como toda la vida se ha hecho, “el que rompe paga y se lleva los tiestos”.

¿Tú crees que será así?

Yo no quiero responder para que no te sientas obligado, pero sí te diré una cosa:

“Jajajajajajajajajajajaja”.

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DIGNIDAD

Según nuestro diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE), en su acepción tercera, dice:

“Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse.”

O sea, para que todos lo entendamos, lo que brilla por su ausencia en una gran mayoría de nuestra actual clase dirigente, y ojo, que no generalizo porque las generalizaciones nunca se corresponden con la realidad.

Siempre he dicho que entre nuestros políticos los tiene que haber buenos, dignos, responsables, pero o son tan poquitos que no se les ve o están ensombrecidos por la marabunta de indignos, arribistas, parientes, barrigas agradecidas y toda una caterva de personajes, que se dedican más a hacer su agosto y el de sus adláteres que a mirar por el destino de nuestro país y de sus ciudadanos.

No es mi intención aburriros con las miles de mentiras que todos hemos tenido la oportunidad de ver en directo por las televisiones o por las distintas redes sociales, pero sí quiero hacer hincapié en que parece ser que estamos estancados en esta podredumbre crónica de la que nos va a costar mucho sudor y esfuerzo salir.

Y por si no tuviéramos ya bastante con lo anterior, el maldito compañero de viaje desde hace más de un año, se empeña en no dejarnos tranquilos, causando miles de desgracias personales y familiares y un cuasi suicidio económico, que por ende y por si faltaba algo, también redunda y muy gravemente en las economías domésticas de miles y miles de familias, de muchos cientos de miles de ciudadanos que carecen y no pueden acceder ni a lo básico.

Parece que la mediocridad se ha instalado en nuestra sociedad con raíces bastante profundas, y tan es así que muchos de nuestros actuales dirigentes la usan como bandera de la que enorgullecerse, y la enarbolan con la arrogancia y el orgullo de las cosas excepcionales, cuando no dejan de ser, como ya decíamos, mediocridades.

Pero todavía hay algo más que me preocupa y es que el futuro que se adivina no es nada halagüeño, pues la maquinaria de poder está tan bien pertrechada y engrasada por las huestes incondicionales que ya he mencionado anteriormente (indignos, arribistas, parientes, barrigas agradecidas, etc.), que difícilmente el salir de esta etapa siniestra va a costar mucho tiempo y esfuerzo, si es que tenemos un poco de suerte y lo conseguimos.

Personalmente lo tengo muy claro; hay partidos políticos que jamás tendrán un voto mío, pues como hace mucho tiempo me decía un buen amigo, “si te engañan una vez, es culpa de ellos, pero si te engañan dos veces, es culpa tuya.”

Trataré por todos los medios de que jamás sea culpa mía.

Que ustedes sigan bien.

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VILLANOS EN LA CORTE

Por desgracia es una clase que últimamente abunda bastante más de lo que sería de desear. Vamos a referirnos a la última que están orquestando.

Y sí, se trata de esos indultos tan en boga que aparecen más en los telediarios últimamente que cualesquiera otra noticia.

Unos señores que se pasaron por el arco del triunfo nuestra “Constitución”, y por ende a todos los españoles amantes de la paz y la concordia que no pensamos como ellos; unos señores que intentaron pisotear nuestra “Libertad”, haciendo pasar por encima de todos sus particulares ideas; unos señores que malversaron fondos públicos para sus delictivos planes y que obligaron a los mozos de escuadra a mirar para otro lado; unos señores que convirtieron los medios de comunicación a su alcance en gacetillas y voceros de las tropelías que pensaban cometer, pensando que a fuerza de repetir una mentira muchas veces, acaba por ser verdad; unos señores, en definitiva, que fueron cómplices del peor delito que se puede cometer contra una sociedad democrática, que es la de saltarse nuestra “Carta Magna” intentando erigirse en cabecillas dictatoriales, haciéndonos comulgar a la mayoría de los españoles con ruedas de molino.

Y os pido perdón por haberles llamado señores, pues tal vez ellos son lo más alejado que puede haber de lo que realmente es un señor, pero es que si hubiera dejado volar a mi imaginación con el nombre a emplear para ellos…

Más bien habría que haberles llamado “condenados”, pues así resultaron todos ellos y con condenas muy serias, menores de las que nos hubieran gustado a muchos españoles, pero que como no puede ser de otra manera debemos respetar; baste recordar que, aunque hay muchos “Villanos en la Corte” que parece ser que no han aprendido la lección, las Leyes y las sentencias judiciales están para ser respetadas por todos los españoles, nos gusten o no.

Pues ahora, nuestro desGobierno, porque llamarle Gobierno sería un alarde de ingenuidad y una imprudencia muy grandes, hace ya tiempo que nos viene dorando la píldora sobre el próximo indulto de esta caterva de condenados en firme que intentaron pisotear nuestros derechos, y no es que yo lo esté descubriendo aquí, sino que cualquier persona medianamente sensata y a tenor de las noticias que a diario se encargan de hacernos llegar, tiene muy claro que el indulto viene de camino sí o sí, a pesar de que el Tribunal Supremo y la Fiscalía General del Estado se oponen a semejante medida.

Muchos de vosotros recordaréis que el 23 de febrero de 1981 hubo un serio intento de golpe de Estado, y que como resultado del mismo muchas personas fueron condenadas a penas bastante más altas que las que han recibido estos “condenados” de ahora.

Alguien puede imaginar que en su día, poco tiempo después del delito, el Gobierno de aquél tiempo hubiera dicho de indultar a Tejero y compañía; no, a mí no me entra en la cabeza y estoy seguro que a muchos españoles tampoco, pues los delitos cometidos eran lo suficientemente serios como para no reírles la gracia con un indulto.

Pues parece que nuestro desGobierno ahora sí lo va a hacer, pues todo apunta a ello; parece ser que estos “condenados” de ahora son más guapos que aquellos condenados de 1981, y que estos pueden pisotear nuestra “Constitución” y nuestras Leyes y aquellos no.

Pero claro, es que hay una gran diferencia, y es que entre aquellos políticos había grandes dosis de dignidad, y entre estos “Villanos en la Corte” no saben lo que es eso, pues tienen que rendir pleitesía a quienes con sus votos les mantienen en el poder, pues hoy en día y con el desGobierno que tenemos ya se sabe, lo primero de lo primero es el poder… y no importa a qué precio… después ya viene eso de los españoles y sus necesidades, pero esto es secundario.

¡Que no nos pase “ná”!

Que ustedes lo pasen bien.

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Consejos vendo que para mí no tengo

Quienes me conocen saben que jamás he militado en un partido político, y yo añado que muy posiblemente nunca lo haga, a pesar de que ha habido hasta quien me ha retirado el saludo por no aceptar ir en las listas de algún que otro determinado partido político, pues han sido varios los oferentes.

Nunca me he caracterizado por ser políticamente correcto, y quiera Dios que pueda seguir disfrutando de esta libertad hasta el fin de mis días.

Creo que sois muchos los que conocéis mis críticas a todos los partidos que han gobernado el Ayuntamiento de Guadix y a algunos otros que han sido conniventes, y es que como decía el otro, “por la verdad, me matan”.

Pues bien, hoy le toca el turno al Gobierno de España, artista del postureo, predicador omnipresente e incumplidor de sus propias leyes.

No sé a vosotros, pero a mí me recuerda bastante a lo que está pasando en Venezuela la desinformación que sufrimos, porque no es de recibo que el primer fallecido en España por el Coronavirus fuera el pasado 13 de febrero en un hospital de Valencia, y la primera noticia que tuvimos todos de ello fue pasados 20 días de haber ocurrido. Esto suena y huele mal.

Estoy muy cansado de escuchar a unos y otros miembros del Gobierno lanzar a los medios, día sí y día también, soflamas grandilocuentes, que en algunos casos hasta han traducido en leyes para todos los españoles, y que luego ellos mismos se encargan de saltarse a la torera, pasándose por el arco del triunfo aquello de la igualdad de los españoles recogido en el artículo 14 de la Constitución Española, ese que dice: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.”

Y nuestros gobernantes, además de dar la impresión de que estuvieran paseando por su cortijo, España, si nos remitimos a sus actuaciones, son en algunos casos diametralmente opuestas a lo que legislan. Es el caso de algunos ministros, infectados por el Coronavirus que andan de acá para allá como Juanillo por su casa; consejos vendo que para mí no tengo.

No os aburriré con sus nombres porque son de todos conocidos, pero sí quiero dejar constancia del asqueo que me producen algunos de mis representantes políticos por su poco civismo y por su irresponsabilidad manifiesta, cuando deberían quedarse en sus casas por estar infectados, y en vez de eso andan por ahí dando bandazos como alma en pena que lleva el diablo, infectando a sus conciudadanos, esos a los que supuestamente deben proteger.

Crean, apoyan y lanzan a la ciudadanía por todos los medios a su alcance consignas de obligado cumplimiento, como el tan conocido y presente “YO ME QUEDO EN CASA”, y luego ellos hacen de su capa un sayo y actúan como les viene en gana.

Queda claro que las leyes no son para ellos… son para los demás.

Me quedo con la esperanza de que sigue habiendo buenos políticos responsables de sus actos, esos que se han contagiado y desde el minuto uno permanecen en sus casas, aunque por desgracia parece que son los menos.

Que el Señor nos ampare.

 

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A la memoria de mi médico don Francisco Ruiz Sáez.

Y digo mi médico, usando el posesivo, porque así lo consideré hasta el día triste y aciago en que nos dejó.

Estoy seguro que habrá muchas más personas que así lo consideren también, y es que la verdad, no sólo era nuestro médico, sino que además era nuestro amigo, nuestro confidente, aquel al que acudíamos en busca de consejo en las más variopintas situaciones.

Don Francisco nació en la localidad alpujarreña de Almegíjar y conoció a su mujer cuando trabajaba de maestra en Sorvilán.

Comenzó los estudios de Derecho, pero pronto conocería su verdadera vocación. Gracias a Dios, para otros muchos y para mí, acabó abandonando esos estudios y se licenció en Medicina y Cirugía.

Llegó a Guadix procedente de Guadahortuna en al año 1975 y desarrolló una ingente y extraordinaria labor, no sólo profesional, sino también humanitaria, hasta más allá de su jubilación en el año 1987.

Sus dos hijos, han seguido el camino de su padre, aunque en distintas vertientes; su hija es médico y su hijo es farmacéutico.

El 26 de febrero de 2000 don Francisco nos dejó y con su pérdida nos quedó a los accitanos un hueco que difícilmente podremos cubrir.

Don Francisco era de aquellos médicos a la antigua usanza, que no sólo se conformaban con averiguar tu mal y tratar de remediarlo de la manera más rápida y eficaz, sino que además, se interesaba por ti, personalmente, y departía contigo sobre las más variadas cuestiones como si fuera tu amigo de toda la vida.

Personalmente, sólo el visitarlo, me creaba una tranquilidad de espíritu inenarrable. De hecho fue mi confidente en las más variadas situaciones, aquellas que a mí me parecían, por mi edad, como el fin del mundo.

Siempre tenía una palabra dulce, un sabio consejo, un chascarrillo oportuno, con el que te dejaba desarmado, y aquello que a ti te parecía insalvable, con su ayuda, se volvía casi anecdótico.

Todos sabemos que fruto de esa humanidad el Distrito Sanitario de Guadix ha tenido a bien poner su nombre a una de las salas del Centro de Salud de Guadix, para perpetuar su memoria y como reconocimiento a una labor personal y profesional que va más allá de lo estrictamente laboral.

Recuerdo que una noche de invierno, por culpa de unas ricas morcillas, tuve un cólico que me retorcía de dolor en la cama. Le avisamos de madrugada y poco después estaba allí poniéndome una inyección que me supo a gloria, ya que poco después dormía a pierna suelta como si nada hubiera pasado.

Sus palabras fueron: “Dentro de un rato dormirás como los angelitos, pero no quiero que abandones la cama en dos días”.

Al día siguiente tropezamos en la calle y al verme me sonrió:

– “No te dije que al menos estuvieras en cama dos días”.

– “Sí don Francisco, pero como me encontraba mejor, decidí levantarme”.

– “Pues menos mal que te dije dos días, porque si no hubieras sido capaz de levantarte anoche mismo”.

Y es que don Francisco cuando te atendía sabía muy bien como eras, y de ese conocimiento que tenía de ti, sabía aquello que tenía que decirte y aquello que tenía que callarse.

Él sabía que por nada del mundo yo hubiera faltado a mi trabajo.

Los últimos años de su vida, anduvo delicado de salud, con una enfermedad muy molesta que le hizo pasar la última gran prueba en esta vida, pero que sobrellevaba con su eterna sonrisa siempre que te saludaba; parecía que no pasaba nada y, la verdad, es que don Francisco se estaba preparando para abandonarnos, pero no quería dejar en nosotros un triste recuerdo.

Don Francisco, gracias por todo. Sabemos que allá arriba sigues velando por nuestra salud personal y espiritual.

Jesús Roberto Balboa Garnica

Agosto 2004

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Harto de totalitarismos

 

En nuestra actual democracia, se supone que cada persona, partido político o ente con derecho al sufragio puede votar, dentro de la legalidad, aquello que estime más conveniente. Creo que hasta aquí estamos todos de acuerdo.

Pero de vez en cuando y últimamente me parece que ocurre con más frecuencia de la que sería de desear, aparece algún “illuminati” que pone el grito en el cielo cuando no se le hace el gusto, como si fuera aún parte de aquellos señoritos que ordenaban y mandaban por encima del bien y del mal.

Pero en el caso que nos ocupa y que ahora os diré de quién se trata, se permite la licencia, fuera de toda regla democrática, que al parecer deben valer para todos excepto para él, de llamar “aberración democrática” a que unos determinados partidos políticos, usando de su derecho al voto libre, no le vayan a votar a él en el Parlamento catalán como futuro Senador del Reino de España.

Y sí, imagino que muchos de vosotros ya habréis reconocido al susodicho, demócrata de pacotilla que a la primera de cambio en que no se le hace el gusto, intenta cambiar a su mejor acomodo las normas que tenemos para todos, tildando de aberrantes a quienes han sido elegidos democráticamente por todos, pero que de alguna manera obstaculizan su camino para conseguir sus pretensiones a toda costa.

Hablo del señor Iceta, ese político del Partido Socialista Catalán (PSC), que se cree por encima del bien y del mal, y que como cualquier mozalbete contrariado en el partido de fútbol del barrio, ha puesto el grito en el cielo cuando salen las cuentas democráticas y las suyas no, permitiéndose el lujo de denostar a quien se interponga en su camino, camino bajo sospecha totalitaria a tenor de lo visto.

Y es que qué tendrá la política que el que la prueba no quiere salir de ella por nada del mundo, salvo muy honrosas y muy pocas excepciones.

Bien podría dedicarse este señor a cultivarse un poquito más, en vez de proferir contra quienes no le hacen el gusto esos exabruptos fuera de contexto y hasta de persona maleducada, pero es que claro, de donde no hay, difícilmente se puede sacar, pues recordemos que sobre semejante criatura no se sabe a ciencia cierta si acabó el COU, y difícilmente alguien con una formación tan eximia puede desempeñar cargos de la relevancia del que pretende este señor.

Y ojo, que no pretendo denostar a quienes por circunstancias de la vida no han podido acceder a una educación de más calidad o a unos estudios más completos, sino que pretendo demostrar que alguien con una profesión sencilla no es la persona más adecuada para diseñar aviones; como se solía decir “zapatero, a tus zapatos”.

 

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Vivimos tiempos convulsos

 

Vivimos tiempos convulsos y vemos con estupor como quienes deben velar por nuestra protección en todos los aspectos, andan un poco remisos, como desganados.

Jamás a un español le faltó arrojo para hacer lo que tuviera que hacer, pero estoy viendo en nuestros mandamases una tibieza y una laxitud en aplicar las Leyes, que me dejan obnubilado.

No entiendo que nos dotemos de Leyes para luego no cumplirlas, y máxime cuando quien se las salta son los encargados de velar por ellas y hacerlas cumplir.

Hasta dónde tenemos que sufrir los españoles de a pie esta ignominia; hasta cuándo vamos a seguir aguantando este espectáculo.

Creo que la sociedad española empieza a estar un poco cansada de esta parsimonia gubernamental, donde al ciudadano normal se le paran los pies enseguida, y a los que tendrían que dar ejemplo, algunos de nuestros políticos, se le hacen oídos sordos y se mira para otro lado.

Ayer alguien me mandó un vídeo donde se ve a unos cuantos Mozos de Escuadra haciendo la vista gorda con un señor que se encaramó a una estatua y le colocó una bandera catalana, para acto seguido impedirle el paso a rajatabla y casi de forma amenazante a otro señor que pretendía hacer lo mismo, pero con una bandera española. En mi tierra a esto se le llama prevaricar, y cuando la prevaricación la comete quien tiene que velar por la Ley y hacerla cumplir, me parece que estamos ante un caso muy grave que puede acarrear penas muy severas.

Me consta que ese vídeo lo han visto miles y miles de personas, de la misma manera que no dudo en que alguien de la Fiscalía también lo haya visto; lo que ya no sé es si la Fiscalía está actuando de oficio o tiene otras cosas más importantes que hacer y no se puede ocupar de eso.

En cualquier caso, no es la primera vez que vemos públicamente como se actúa contra la Ley.

Teniendo una Constitución, como marco de la convivencia de todos los españoles, y teniendo un Código Penal que tipifica ciertos delitos, no entiendo como nuestras instituciones, que se suponen nos representan a todos, no hacen nada al respecto, y si lo hacen, lo hacen con una desidia e inoperancia de la que ya estamos muy hartos muchísimos españoles de a pie.

Y es que hablamos de delitos muy graves contra la ciudadanía, ante los que no se debe ni puede actuar de manera pusilánime.

El artículo 544 del Código Penal, dice:

“Son reos de sedición los que, sin estar comprendidos en el delito de rebelión, se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales.”

Y ante la gravedad de este delito, el siguiente artículo, el 545, le pone los puntos a las íes, y vean ustedes las posibles condenas:

“1. Los que hubieren inducido, sostenido o dirigido la sedición o aparecieren en ella como sus principales autores, serán castigados con la pena de prisión de ocho a diez años, y con la de diez a quince años, si fueran personas constituidas en autoridad. En ambos casos se impondrá, además, la inhabilitación absoluta por el mismo tiempo.

2. Fuera de estos casos, se impondrá la pena de cuatro a ocho años de prisión, y la de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de cuatro a ocho años.”

Me parece que no estamos hablando de tonterías, o al menos a mí así me lo parece, pues pretender saltarse los derechos de los ciudadanos de un país, pisoteando de paso sus libertades, me parece el delito más grave que se puede cometer.

De ahí que no entienda la tibieza y dejadez con que se está actuando.

Hace muchos años, leí en algún sitio la siguiente frase:

“Quienes olvidan su Historia, están condenados a repetirla”.

Por nada del mundo me gustaría que nuestro país tuviera que volver a pasar por donde ya pasó, pero de seguir este camino los tiempos que se avecinan no son nada halagüeños.

Pero es que además, por encima de todas las leyes está nuestra Constitución, esa que redactaron entre todos los partidos del arco parlamentario de aquellos años, y que luego aprobamos por mayoría todos los ciudadanos del país, incluidos los catalanes. De ahí que ahora no me quepa en la cabeza, que esa minoría de catalanes que intenta doblegar la voluntad del resto de ciudadanos del país, intente remar contra esa misma Constitución que ellos también aprobaron.

Y en el artículo 155 de nuestra Constitución se dice:

“1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.

2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.”

Pero es que además de estos delitos, se les podría encausar por algunos más, como son el delito de desobediencia, que no conlleva cárcel pero sí multa e inhabilitación, recogido en el artículo 410 del Código Penal; el delito de malversación, recogido en los artículos 432 a 435 del Código Penal y que podría ser castigado con penas de prisión de cuatro a ocho años e inhabilitación absoluta por tiempo de diez a veinte años; el delito de prevaricación, regulado en los artículos 404 y siguientes del Código Penal, que tampoco supone cárcel pero sí pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público y para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo (no poder presentarse en una lista electoral) por tiempo de nueve a quince años.

En 1934, ante hechos muy similares, el Gobierno de la nación ordenó a la Guardia Civil la detención de los Mozos de Escuadra y del Gobierno en pleno de Cataluña. No digo ni quiero que pase lo mismo, pero cuando sembramos discordia, lo más probable es que cosechemos algo que no sea de nuestro agrado.

En fin, que ante estos hechos tan graves no entiendo la parsimonia de nuestro Gobierno y de algunas de sus instituciones, pero que aun así confío en que todo acabe bien por el bien de todos, y si hay alguien que prefiere seguir otros caminos menos demócratas, espero que la Ley le ponga en su sitio.

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Derecho a no declarar; ¿legal?

En estos tiempos que corren, donde día sí y día también imputan a alguien y lo llaman a declarar por estar presuntamente implicado en alguna irregularidad, vemos como una y otra vez la mayoría se acogen a su derecho a no declarar, y al menos a mí me hace mucha gracia la tan repetida cantinela.
Y no es por nada, sino porque creo que existe por ahí la obligación de colaborar todos con la Justicia para el esclarecimiento de los hechos.
Y ahora, me pregunto: ¿Qué prevalece, el derecho o la obligación?
Imagino que cuando las cabezas sesudas y pensantes de quienes nos legislan y nos gobiernan han creado ese derecho a no declarar será por algo, pero tampoco es menos cierto que esas mismas cabezas han creado la obligación de colaborar con la Justicia.
No sé, puede que esté un poco espeso esta mañana, pero desde hace mucho tiempo le vengo dando vueltas a este tema en la cabeza y no termino de ver la luz, pues por muy válidos que sean ese derecho y esa obligación, para mis cortas entendederas están totalmente contrapuestos. Y ojo, que con esto no quiero decir que ambos no sean válidos, que muy probablemente lo serán.
En mi pueblo, desde que éramos niños, hemos oído decir a la gente mayor que “el que calla otorga”; pues eso traducido al tema que nos ocupa, vendría a equivaler que el que calla ante la Justicia y no la ayuda en el esclarecimiento de posibles delitos, es porque tiene algo que ocultar, pues de no ser así sería el primer interesado en que el asunto se esclareciera y poder dedicarse a menesteres más placenteros que estar inmerso en un proceso judicial.
Comprendo que se pueden dar circunstancias especiales cuando imputan a alguien, pero también comprendo que el inocente que es imputado no tiene nada que esconder, por lo que es el primer interesado en que el asunto se esclarezca lo más rápido posible, y por ello, su buena disposición a colaborar y a declarar ante la Justicia todo cuanto sabe sobre el asunto prevalece sobre todo lo demás.
Ni de lejos pretendo sentar principios nuevos que puedan ser mejores que los actuales; esto solo es una reflexión personal en voz alta, pero no quita que cada vez que veo en televisión algún imputado llamado a declarar, en la mayoría de los casos últimamente, como ya decía, sus declaraciones a la prensa invariablemente son que se ha acogido a su derecho a no declarar.
Como ya os decía al principio, cabezas bastante mejor amuebladas que la mía nos dotaron de esos derechos y obligaciones, pero tal vez no estaría de más replantearse ciertas cosas, pues no colaborar con la Justicia en el esclarecimiento de unos hechos delictivos, negándose a declarar, también puede ser constitutivo de un delito de obstrucción a la Justicia.
Y tú, ¿qué opinas?

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Hoy os voy a contar un cuento

Hoy os voy a contar un cuento, o una historia, que puede ser muy real, e incluso puede haber ocurrido. Veréis.
Había una vez un edificio de pisos, en donde moraba una tranquila y bien avenida comunidad de vecinos.
Un día apareció un nuevo vecino que vino a vivir a un piso que llevaba tiempo sin que nadie habitara en él.
Poco a poco, empezaron a surgir pequeños problemas con el nuevo vecino, que con el paso del tiempo fueron incrementándose.
La comunidad empezó a no estar tan bien avenida, pues nunca nadie había hecho nada que pudiera molestar al resto de vecinos. Lo que ahora le estaba ocurriendo, jamás había pasado.
El nuevo vecino se comportaba de manera antisocial, como si estuviera viviendo en su cortijo y no tuviera que tener en cuenta a los demás para vivir o hacer. Molestaba con ruidos todo el día, sacaba la basura de cualquier manera y ponía la escalera hecha una pocilga, pegaba patadas a las paredes de la escalera por el placer de ver su huella impresa en la misma, no ponía ningún cuidado en su casa y cada dos por tres inundaba el piso de abajo, no atendía a los requerimientos del presidente de la comunidad ni de los vecinos, no pagaba la cuota de la comunidad, no acudía a las reuniones de la misma si no era para amenazar a unos y otros, etc., etc., etc.
Pues hete aquí, que un día todo se volvió en su contra, y por su dejadez o poca sensatez o ambas cosas, tuvo la desgracia de que su piso ardiera por los cuatro costados y lo perdió todo. Y para mayor desgracia, no tenía seguro del piso. En fin, una ruina.
A ver si adivináis cuál fue la reacción de este mal vecino.
Pues echarle toda la culpa a la comunidad, y además, pretender que fuera la comunidad la que corriera con todos los gastos que se originarían con la reconstrucción de su piso.
¿Qué os parece? Él viviendo a su aire, por libre, sin compartir los gastos de la comunidad e incluso molestando a los vecinos, y ahora, que la desgracia se ceba en él, pretende que la comunidad pague los platos rotos de su dejadez, de su poca sensatez.
¿Qué habría que hacer con este vecino?
Se me ocurren mil cosas y seguro que a vosotros se os ocurren otras tantas.
Pues bien, ahora vamos a comparar esa situación, con la que estamos viviendo en el país.
Tuvimos un gobierno que inventó el ladrillazo y dio origen a una especulación atroz.
Tuvimos otro gobierno que no lo hizo bien por muy variadas y diferentes razones: corrupción, amiguismo, dejación de funciones, desgobierno, etc.
Tuvimos algunas instituciones dirigidas por esos (des)gobiernos que no estuvieron a la altura que de ellas se esperaba. Véase Banco de España, que no controló y supervisó las operaciones crediticias de bancos, cajas y cooperativas de crédito, como era su obligación, y dio lugar a la situación por la que están pasando actualmente.
Pues ahora, el gobierno actual, con sus subidas de impuestos, con sus recortes, con su reforma laboral, quiere que seamos los que no hemos tenido culpa, los que paguemos los platos rotos.
Igual que el vecino mal avenido: él mete la pata y pretende que sean los otros los que paguen.
Creo que la limpieza, los recortes y la reforma habría que empezarla por arriba, que han sido los que han metido la pata, y dejarnos a los de abajo de una puta vez en paz, porque nosotros, la única pata que hemos metido, ha sido votarlos.
Y sí, habría que botarlos, pero con “b” de burro.

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Nosotros… y nuestra España

Por desgracia, en España somos muy dados a las leyendas urbanas, a comentar y difundir aquello que nos llama la atención o que nos parece gracioso o bochornoso, sepamos o no si en realidad es una verdad contrastada.
Somos así por naturaleza, por tradición, puede que por deformación… en pocas palabras, porque nos da la gana.
En el estado de derecho con el que nos hemos dotado, tenemos una serie de pilares que nos ayudan a llevar hacia adelante nuestra joven democracia; puede que algunos de estos pilares estén más asentados que otros, que los veamos más próximos o que despierten en nosotros más o menos simpatías, pero sin duda, todos y cada uno de ellos nos ayudan en mayor o menor medida a ir construyendo nuestro futuro.
Muchos de nosotros no comulgamos con un buen montón de esas instituciones por los motivos más variados, pero nos guste o no, esas instituciones aportan su granito de arena al conjunto de la sociedad.
Es más, yo me atrevería a decir que criticamos a todas las instituciones en mayor o menor medida; obviamente unas tienen más detractores que otras, pero a nadie escapa que por criticar, lo criticamos todo. Desde la Corona, hasta el último edil del municipio más pequeño de España, nadie se salva de la quema, o sea, de nuestra crítica.
Evidentemente, no lo sabemos todo, y lo que es peor, jamás lo sabremos todo. Por ello, me hace mucha gracia cuando nos lanzamos como lobos feroces sobre tal o cual situación, sobre éste o aquél personaje mediático, o político, o… y lo despellejamos.
Ni siquiera respetamos a nuestros tribunales, que son con los que nos hemos dotado para que corrijan aquellas conductas tachables, aquellas conductas que intentan menoscabar los derechos de los demás.
Pretendemos sustituir muchos años de estudio y preparación de jueces, magistrados y fiscales, con nuestra osadía de estar a su altura, algo que ni de lejos podemos llegar a alcanzar si somos consecuentes y usamos del raciocinio con prudencia y mesura.
Decía mi abuela, que los jueces, que se han preparado toda su vida para serlo, y que escuchan las dos versiones, muchas veces se equivocan. Pues imagínate lo que nos podemos equivocar nosotros, que no nos hemos preparado para ello y no hemos oído las dos versiones.
Incluso criticamos a la Justicia cuando los resultados no se ajustan a lo que nosotros esperábamos. Buena muestra de ello, son las opiniones encontradas de distintos sectores de la sociedad ante casos muy mediáticos, algunos de ellos vividos recientemente.
En fin, que somos como somos, pero que hemos cambiado mucho es una realidad incontestable… y con los tiempos que corren y los que se avecinan, posiblemente seguiremos cambiando más.
¿Será para mejorar o para empeorar?
Que Dios nos ayude, que buena falta nos va a hacer.

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