Consejos vendo que para mí no tengo

Quienes me conocen saben que jamás he militado en un partido político, y yo añado que muy posiblemente nunca lo haga, a pesar de que ha habido hasta quien me ha retirado el saludo por no aceptar ir en las listas de algún que otro determinado partido político, pues han sido varios los oferentes.

Nunca me he caracterizado por ser políticamente correcto, y quiera Dios que pueda seguir disfrutando de esta libertad hasta el fin de mis días.

Creo que sois muchos los que conocéis mis críticas a todos los partidos que han gobernado el Ayuntamiento de Guadix y a algunos otros que han sido conniventes, y es que como decía el otro, “por la verdad, me matan”.

Pues bien, hoy le toca el turno al Gobierno de España, artista del postureo, predicador omnipresente e incumplidor de sus propias leyes.

No sé a vosotros, pero a mí me recuerda bastante a lo que está pasando en Venezuela la desinformación que sufrimos, porque no es de recibo que el primer fallecido en España por el Coronavirus fuera el pasado 13 de febrero en un hospital de Valencia, y la primera noticia que tuvimos todos de ello fue pasados 20 días de haber ocurrido. Esto suena y huele mal.

Estoy muy cansado de escuchar a unos y otros miembros del Gobierno lanzar a los medios, día sí y día también, soflamas grandilocuentes, que en algunos casos hasta han traducido en leyes para todos los españoles, y que luego ellos mismos se encargan de saltarse a la torera, pasándose por el arco del triunfo aquello de la igualdad de los españoles recogido en el artículo 14 de la Constitución Española, ese que dice: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.”

Y nuestros gobernantes, además de dar la impresión de que estuvieran paseando por su cortijo, España, si nos remitimos a sus actuaciones, son en algunos casos diametralmente opuestas a lo que legislan. Es el caso de algunos ministros, infectados por el Coronavirus que andan de acá para allá como Juanillo por su casa; consejos vendo que para mí no tengo.

No os aburriré con sus nombres porque son de todos conocidos, pero sí quiero dejar constancia del asqueo que me producen algunos de mis representantes políticos por su poco civismo y por su irresponsabilidad manifiesta, cuando deberían quedarse en sus casas por estar infectados, y en vez de eso andan por ahí dando bandazos como alma en pena que lleva el diablo, infectando a sus conciudadanos, esos a los que supuestamente deben proteger.

Crean, apoyan y lanzan a la ciudadanía por todos los medios a su alcance consignas de obligado cumplimiento, como el tan conocido y presente “YO ME QUEDO EN CASA”, y luego ellos hacen de su capa un sayo y actúan como les viene en gana.

Queda claro que las leyes no son para ellos… son para los demás.

Me quedo con la esperanza de que sigue habiendo buenos políticos responsables de sus actos, esos que se han contagiado y desde el minuto uno permanecen en sus casas, aunque por desgracia parece que son los menos.

Que el Señor nos ampare.

 

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A la memoria de mi médico don Francisco Ruiz Sáez.

Y digo mi médico, usando el posesivo, porque así lo consideré hasta el día triste y aciago en que nos dejó.

Estoy seguro que habrá muchas más personas que así lo consideren también, y es que la verdad, no sólo era nuestro médico, sino que además era nuestro amigo, nuestro confidente, aquel al que acudíamos en busca de consejo en las más variopintas situaciones.

Don Francisco nació en la localidad alpujarreña de Almegíjar y conoció a su mujer cuando trabajaba de maestra en Sorvilán.

Comenzó los estudios de Derecho, pero pronto conocería su verdadera vocación. Gracias a Dios, para otros muchos y para mí, acabó abandonando esos estudios y se licenció en Medicina y Cirugía.

Llegó a Guadix procedente de Guadahortuna en al año 1975 y desarrolló una ingente y extraordinaria labor, no sólo profesional, sino también humanitaria, hasta más allá de su jubilación en el año 1987.

Sus dos hijos, han seguido el camino de su padre, aunque en distintas vertientes; su hija es médico y su hijo es farmacéutico.

El 26 de febrero de 2000 don Francisco nos dejó y con su pérdida nos quedó a los accitanos un hueco que difícilmente podremos cubrir.

Don Francisco era de aquellos médicos a la antigua usanza, que no sólo se conformaban con averiguar tu mal y tratar de remediarlo de la manera más rápida y eficaz, sino que además, se interesaba por ti, personalmente, y departía contigo sobre las más variadas cuestiones como si fuera tu amigo de toda la vida.

Personalmente, sólo el visitarlo, me creaba una tranquilidad de espíritu inenarrable. De hecho fue mi confidente en las más variadas situaciones, aquellas que a mí me parecían, por mi edad, como el fin del mundo.

Siempre tenía una palabra dulce, un sabio consejo, un chascarrillo oportuno, con el que te dejaba desarmado, y aquello que a ti te parecía insalvable, con su ayuda, se volvía casi anecdótico.

Todos sabemos que fruto de esa humanidad el Distrito Sanitario de Guadix ha tenido a bien poner su nombre a una de las salas del Centro de Salud de Guadix, para perpetuar su memoria y como reconocimiento a una labor personal y profesional que va más allá de lo estrictamente laboral.

Recuerdo que una noche de invierno, por culpa de unas ricas morcillas, tuve un cólico que me retorcía de dolor en la cama. Le avisamos de madrugada y poco después estaba allí poniéndome una inyección que me supo a gloria, ya que poco después dormía a pierna suelta como si nada hubiera pasado.

Sus palabras fueron: “Dentro de un rato dormirás como los angelitos, pero no quiero que abandones la cama en dos días”.

Al día siguiente tropezamos en la calle y al verme me sonrió:

– “No te dije que al menos estuvieras en cama dos días”.

– “Sí don Francisco, pero como me encontraba mejor, decidí levantarme”.

– “Pues menos mal que te dije dos días, porque si no hubieras sido capaz de levantarte anoche mismo”.

Y es que don Francisco cuando te atendía sabía muy bien como eras, y de ese conocimiento que tenía de ti, sabía aquello que tenía que decirte y aquello que tenía que callarse.

Él sabía que por nada del mundo yo hubiera faltado a mi trabajo.

Los últimos años de su vida, anduvo delicado de salud, con una enfermedad muy molesta que le hizo pasar la última gran prueba en esta vida, pero que sobrellevaba con su eterna sonrisa siempre que te saludaba; parecía que no pasaba nada y, la verdad, es que don Francisco se estaba preparando para abandonarnos, pero no quería dejar en nosotros un triste recuerdo.

Don Francisco, gracias por todo. Sabemos que allá arriba sigues velando por nuestra salud personal y espiritual.

Jesús Roberto Balboa Garnica

Agosto 2004

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Harto de totalitarismos

 

En nuestra actual democracia, se supone que cada persona, partido político o ente con derecho al sufragio puede votar, dentro de la legalidad, aquello que estime más conveniente. Creo que hasta aquí estamos todos de acuerdo.

Pero de vez en cuando y últimamente me parece que ocurre con más frecuencia de la que sería de desear, aparece algún “illuminati” que pone el grito en el cielo cuando no se le hace el gusto, como si fuera aún parte de aquellos señoritos que ordenaban y mandaban por encima del bien y del mal.

Pero en el caso que nos ocupa y que ahora os diré de quién se trata, se permite la licencia, fuera de toda regla democrática, que al parecer deben valer para todos excepto para él, de llamar “aberración democrática” a que unos determinados partidos políticos, usando de su derecho al voto libre, no le vayan a votar a él en el Parlamento catalán como futuro Senador del Reino de España.

Y sí, imagino que muchos de vosotros ya habréis reconocido al susodicho, demócrata de pacotilla que a la primera de cambio en que no se le hace el gusto, intenta cambiar a su mejor acomodo las normas que tenemos para todos, tildando de aberrantes a quienes han sido elegidos democráticamente por todos, pero que de alguna manera obstaculizan su camino para conseguir sus pretensiones a toda costa.

Hablo del señor Iceta, ese político del Partido Socialista Catalán (PSC), que se cree por encima del bien y del mal, y que como cualquier mozalbete contrariado en el partido de fútbol del barrio, ha puesto el grito en el cielo cuando salen las cuentas democráticas y las suyas no, permitiéndose el lujo de denostar a quien se interponga en su camino, camino bajo sospecha totalitaria a tenor de lo visto.

Y es que qué tendrá la política que el que la prueba no quiere salir de ella por nada del mundo, salvo muy honrosas y muy pocas excepciones.

Bien podría dedicarse este señor a cultivarse un poquito más, en vez de proferir contra quienes no le hacen el gusto esos exabruptos fuera de contexto y hasta de persona maleducada, pero es que claro, de donde no hay, difícilmente se puede sacar, pues recordemos que sobre semejante criatura no se sabe a ciencia cierta si acabó el COU, y difícilmente alguien con una formación tan eximia puede desempeñar cargos de la relevancia del que pretende este señor.

Y ojo, que no pretendo denostar a quienes por circunstancias de la vida no han podido acceder a una educación de más calidad o a unos estudios más completos, sino que pretendo demostrar que alguien con una profesión sencilla no es la persona más adecuada para diseñar aviones; como se solía decir “zapatero, a tus zapatos”.

 

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Vivimos tiempos convulsos

 

Vivimos tiempos convulsos y vemos con estupor como quienes deben velar por nuestra protección en todos los aspectos, andan un poco remisos, como desganados.

Jamás a un español le faltó arrojo para hacer lo que tuviera que hacer, pero estoy viendo en nuestros mandamases una tibieza y una laxitud en aplicar las Leyes, que me dejan obnubilado.

No entiendo que nos dotemos de Leyes para luego no cumplirlas, y máxime cuando quien se las salta son los encargados de velar por ellas y hacerlas cumplir.

Hasta dónde tenemos que sufrir los españoles de a pie esta ignominia; hasta cuándo vamos a seguir aguantando este espectáculo.

Creo que la sociedad española empieza a estar un poco cansada de esta parsimonia gubernamental, donde al ciudadano normal se le paran los pies enseguida, y a los que tendrían que dar ejemplo, algunos de nuestros políticos, se le hacen oídos sordos y se mira para otro lado.

Ayer alguien me mandó un vídeo donde se ve a unos cuantos Mozos de Escuadra haciendo la vista gorda con un señor que se encaramó a una estatua y le colocó una bandera catalana, para acto seguido impedirle el paso a rajatabla y casi de forma amenazante a otro señor que pretendía hacer lo mismo, pero con una bandera española. En mi tierra a esto se le llama prevaricar, y cuando la prevaricación la comete quien tiene que velar por la Ley y hacerla cumplir, me parece que estamos ante un caso muy grave que puede acarrear penas muy severas.

Me consta que ese vídeo lo han visto miles y miles de personas, de la misma manera que no dudo en que alguien de la Fiscalía también lo haya visto; lo que ya no sé es si la Fiscalía está actuando de oficio o tiene otras cosas más importantes que hacer y no se puede ocupar de eso.

En cualquier caso, no es la primera vez que vemos públicamente como se actúa contra la Ley.

Teniendo una Constitución, como marco de la convivencia de todos los españoles, y teniendo un Código Penal que tipifica ciertos delitos, no entiendo como nuestras instituciones, que se suponen nos representan a todos, no hacen nada al respecto, y si lo hacen, lo hacen con una desidia e inoperancia de la que ya estamos muy hartos muchísimos españoles de a pie.

Y es que hablamos de delitos muy graves contra la ciudadanía, ante los que no se debe ni puede actuar de manera pusilánime.

El artículo 544 del Código Penal, dice:

“Son reos de sedición los que, sin estar comprendidos en el delito de rebelión, se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales.”

Y ante la gravedad de este delito, el siguiente artículo, el 545, le pone los puntos a las íes, y vean ustedes las posibles condenas:

“1. Los que hubieren inducido, sostenido o dirigido la sedición o aparecieren en ella como sus principales autores, serán castigados con la pena de prisión de ocho a diez años, y con la de diez a quince años, si fueran personas constituidas en autoridad. En ambos casos se impondrá, además, la inhabilitación absoluta por el mismo tiempo.

2. Fuera de estos casos, se impondrá la pena de cuatro a ocho años de prisión, y la de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de cuatro a ocho años.”

Me parece que no estamos hablando de tonterías, o al menos a mí así me lo parece, pues pretender saltarse los derechos de los ciudadanos de un país, pisoteando de paso sus libertades, me parece el delito más grave que se puede cometer.

De ahí que no entienda la tibieza y dejadez con que se está actuando.

Hace muchos años, leí en algún sitio la siguiente frase:

“Quienes olvidan su Historia, están condenados a repetirla”.

Por nada del mundo me gustaría que nuestro país tuviera que volver a pasar por donde ya pasó, pero de seguir este camino los tiempos que se avecinan no son nada halagüeños.

Pero es que además, por encima de todas las leyes está nuestra Constitución, esa que redactaron entre todos los partidos del arco parlamentario de aquellos años, y que luego aprobamos por mayoría todos los ciudadanos del país, incluidos los catalanes. De ahí que ahora no me quepa en la cabeza, que esa minoría de catalanes que intenta doblegar la voluntad del resto de ciudadanos del país, intente remar contra esa misma Constitución que ellos también aprobaron.

Y en el artículo 155 de nuestra Constitución se dice:

“1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.

2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.”

Pero es que además de estos delitos, se les podría encausar por algunos más, como son el delito de desobediencia, que no conlleva cárcel pero sí multa e inhabilitación, recogido en el artículo 410 del Código Penal; el delito de malversación, recogido en los artículos 432 a 435 del Código Penal y que podría ser castigado con penas de prisión de cuatro a ocho años e inhabilitación absoluta por tiempo de diez a veinte años; el delito de prevaricación, regulado en los artículos 404 y siguientes del Código Penal, que tampoco supone cárcel pero sí pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público y para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo (no poder presentarse en una lista electoral) por tiempo de nueve a quince años.

En 1934, ante hechos muy similares, el Gobierno de la nación ordenó a la Guardia Civil la detención de los Mozos de Escuadra y del Gobierno en pleno de Cataluña. No digo ni quiero que pase lo mismo, pero cuando sembramos discordia, lo más probable es que cosechemos algo que no sea de nuestro agrado.

En fin, que ante estos hechos tan graves no entiendo la parsimonia de nuestro Gobierno y de algunas de sus instituciones, pero que aun así confío en que todo acabe bien por el bien de todos, y si hay alguien que prefiere seguir otros caminos menos demócratas, espero que la Ley le ponga en su sitio.

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Derecho a no declarar; ¿legal?

En estos tiempos que corren, donde día sí y día también imputan a alguien y lo llaman a declarar por estar presuntamente implicado en alguna irregularidad, vemos como una y otra vez la mayoría se acogen a su derecho a no declarar, y al menos a mí me hace mucha gracia la tan repetida cantinela.
Y no es por nada, sino porque creo que existe por ahí la obligación de colaborar todos con la Justicia para el esclarecimiento de los hechos.
Y ahora, me pregunto: ¿Qué prevalece, el derecho o la obligación?
Imagino que cuando las cabezas sesudas y pensantes de quienes nos legislan y nos gobiernan han creado ese derecho a no declarar será por algo, pero tampoco es menos cierto que esas mismas cabezas han creado la obligación de colaborar con la Justicia.
No sé, puede que esté un poco espeso esta mañana, pero desde hace mucho tiempo le vengo dando vueltas a este tema en la cabeza y no termino de ver la luz, pues por muy válidos que sean ese derecho y esa obligación, para mis cortas entendederas están totalmente contrapuestos. Y ojo, que con esto no quiero decir que ambos no sean válidos, que muy probablemente lo serán.
En mi pueblo, desde que éramos niños, hemos oído decir a la gente mayor que “el que calla otorga”; pues eso traducido al tema que nos ocupa, vendría a equivaler que el que calla ante la Justicia y no la ayuda en el esclarecimiento de posibles delitos, es porque tiene algo que ocultar, pues de no ser así sería el primer interesado en que el asunto se esclareciera y poder dedicarse a menesteres más placenteros que estar inmerso en un proceso judicial.
Comprendo que se pueden dar circunstancias especiales cuando imputan a alguien, pero también comprendo que el inocente que es imputado no tiene nada que esconder, por lo que es el primer interesado en que el asunto se esclarezca lo más rápido posible, y por ello, su buena disposición a colaborar y a declarar ante la Justicia todo cuanto sabe sobre el asunto prevalece sobre todo lo demás.
Ni de lejos pretendo sentar principios nuevos que puedan ser mejores que los actuales; esto solo es una reflexión personal en voz alta, pero no quita que cada vez que veo en televisión algún imputado llamado a declarar, en la mayoría de los casos últimamente, como ya decía, sus declaraciones a la prensa invariablemente son que se ha acogido a su derecho a no declarar.
Como ya os decía al principio, cabezas bastante mejor amuebladas que la mía nos dotaron de esos derechos y obligaciones, pero tal vez no estaría de más replantearse ciertas cosas, pues no colaborar con la Justicia en el esclarecimiento de unos hechos delictivos, negándose a declarar, también puede ser constitutivo de un delito de obstrucción a la Justicia.
Y tú, ¿qué opinas?

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Hoy os voy a contar un cuento

Hoy os voy a contar un cuento, o una historia, que puede ser muy real, e incluso puede haber ocurrido. Veréis.
Había una vez un edificio de pisos, en donde moraba una tranquila y bien avenida comunidad de vecinos.
Un día apareció un nuevo vecino que vino a vivir a un piso que llevaba tiempo sin que nadie habitara en él.
Poco a poco, empezaron a surgir pequeños problemas con el nuevo vecino, que con el paso del tiempo fueron incrementándose.
La comunidad empezó a no estar tan bien avenida, pues nunca nadie había hecho nada que pudiera molestar al resto de vecinos. Lo que ahora le estaba ocurriendo, jamás había pasado.
El nuevo vecino se comportaba de manera antisocial, como si estuviera viviendo en su cortijo y no tuviera que tener en cuenta a los demás para vivir o hacer. Molestaba con ruidos todo el día, sacaba la basura de cualquier manera y ponía la escalera hecha una pocilga, pegaba patadas a las paredes de la escalera por el placer de ver su huella impresa en la misma, no ponía ningún cuidado en su casa y cada dos por tres inundaba el piso de abajo, no atendía a los requerimientos del presidente de la comunidad ni de los vecinos, no pagaba la cuota de la comunidad, no acudía a las reuniones de la misma si no era para amenazar a unos y otros, etc., etc., etc.
Pues hete aquí, que un día todo se volvió en su contra, y por su dejadez o poca sensatez o ambas cosas, tuvo la desgracia de que su piso ardiera por los cuatro costados y lo perdió todo. Y para mayor desgracia, no tenía seguro del piso. En fin, una ruina.
A ver si adivináis cuál fue la reacción de este mal vecino.
Pues echarle toda la culpa a la comunidad, y además, pretender que fuera la comunidad la que corriera con todos los gastos que se originarían con la reconstrucción de su piso.
¿Qué os parece? Él viviendo a su aire, por libre, sin compartir los gastos de la comunidad e incluso molestando a los vecinos, y ahora, que la desgracia se ceba en él, pretende que la comunidad pague los platos rotos de su dejadez, de su poca sensatez.
¿Qué habría que hacer con este vecino?
Se me ocurren mil cosas y seguro que a vosotros se os ocurren otras tantas.
Pues bien, ahora vamos a comparar esa situación, con la que estamos viviendo en el país.
Tuvimos un gobierno que inventó el ladrillazo y dio origen a una especulación atroz.
Tuvimos otro gobierno que no lo hizo bien por muy variadas y diferentes razones: corrupción, amiguismo, dejación de funciones, desgobierno, etc.
Tuvimos algunas instituciones dirigidas por esos (des)gobiernos que no estuvieron a la altura que de ellas se esperaba. Véase Banco de España, que no controló y supervisó las operaciones crediticias de bancos, cajas y cooperativas de crédito, como era su obligación, y dio lugar a la situación por la que están pasando actualmente.
Pues ahora, el gobierno actual, con sus subidas de impuestos, con sus recortes, con su reforma laboral, quiere que seamos los que no hemos tenido culpa, los que paguemos los platos rotos.
Igual que el vecino mal avenido: él mete la pata y pretende que sean los otros los que paguen.
Creo que la limpieza, los recortes y la reforma habría que empezarla por arriba, que han sido los que han metido la pata, y dejarnos a los de abajo de una puta vez en paz, porque nosotros, la única pata que hemos metido, ha sido votarlos.
Y sí, habría que botarlos, pero con “b” de burro.

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Nosotros… y nuestra España

Por desgracia, en España somos muy dados a las leyendas urbanas, a comentar y difundir aquello que nos llama la atención o que nos parece gracioso o bochornoso, sepamos o no si en realidad es una verdad contrastada.
Somos así por naturaleza, por tradición, puede que por deformación… en pocas palabras, porque nos da la gana.
En el estado de derecho con el que nos hemos dotado, tenemos una serie de pilares que nos ayudan a llevar hacia adelante nuestra joven democracia; puede que algunos de estos pilares estén más asentados que otros, que los veamos más próximos o que despierten en nosotros más o menos simpatías, pero sin duda, todos y cada uno de ellos nos ayudan en mayor o menor medida a ir construyendo nuestro futuro.
Muchos de nosotros no comulgamos con un buen montón de esas instituciones por los motivos más variados, pero nos guste o no, esas instituciones aportan su granito de arena al conjunto de la sociedad.
Es más, yo me atrevería a decir que criticamos a todas las instituciones en mayor o menor medida; obviamente unas tienen más detractores que otras, pero a nadie escapa que por criticar, lo criticamos todo. Desde la Corona, hasta el último edil del municipio más pequeño de España, nadie se salva de la quema, o sea, de nuestra crítica.
Evidentemente, no lo sabemos todo, y lo que es peor, jamás lo sabremos todo. Por ello, me hace mucha gracia cuando nos lanzamos como lobos feroces sobre tal o cual situación, sobre éste o aquél personaje mediático, o político, o… y lo despellejamos.
Ni siquiera respetamos a nuestros tribunales, que son con los que nos hemos dotado para que corrijan aquellas conductas tachables, aquellas conductas que intentan menoscabar los derechos de los demás.
Pretendemos sustituir muchos años de estudio y preparación de jueces, magistrados y fiscales, con nuestra osadía de estar a su altura, algo que ni de lejos podemos llegar a alcanzar si somos consecuentes y usamos del raciocinio con prudencia y mesura.
Decía mi abuela, que los jueces, que se han preparado toda su vida para serlo, y que escuchan las dos versiones, muchas veces se equivocan. Pues imagínate lo que nos podemos equivocar nosotros, que no nos hemos preparado para ello y no hemos oído las dos versiones.
Incluso criticamos a la Justicia cuando los resultados no se ajustan a lo que nosotros esperábamos. Buena muestra de ello, son las opiniones encontradas de distintos sectores de la sociedad ante casos muy mediáticos, algunos de ellos vividos recientemente.
En fin, que somos como somos, pero que hemos cambiado mucho es una realidad incontestable… y con los tiempos que corren y los que se avecinan, posiblemente seguiremos cambiando más.
¿Será para mejorar o para empeorar?
Que Dios nos ayude, que buena falta nos va a hacer.

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¡¡¡Basta ya de mentiras!!!

Quienes me conocéis sabéis que no comulgo con ruedas de molino, y que tengo la fea costumbre de llamar al pan pan y al vino vino.
Y como no podía ser de otra manera, en el terreno de la política, tampoco soy muy políticamente correcto, pues ni PP ni PSOE son santos de mi devoción.
Y no es que yo sea un detractor acérrimo de unos u otros, pues cuando se lo han merecido he alabado y criticado tanto a unos como a otros.
Pero es que a estas alturas ya me tienen muy cabreado los dos, porque los dos nos mienten más que nos hablan, y mira que nos hablan. Bueno, si exceptuamos al sr. Rajoy, ése que de momento sigue sin dar la cara por ningún lado, ése que tanto criticaba a su homónimo del otro partido porque no daba la cara, ése que tantas veces le dijo a ZP que nos estaba engañando a todos los españoles.
Pues sí, el sr. Rajoy llevaba razón, pero el problema está en que ahora él hace exactamente lo mismo que criticó en su predecesor en el cargo. Nos miente y no da la cara.
¿Hasta cuándo vamos a ser indolentes?
¿Hasta cuándo vamos a aguantar que unos y otros nos mientan?
¿Hasta cuándo vamos a aguantar que unos y otros nos esquilmen (por no decir malgasten o roben) el dinero público?
¿Hasta cuándo vamos a seguir pagando las clases medias las tropelías que ellos cometen?
¿Hasta cuándo vamos a tener que seguir financiando a los bancos y cajas (que son empresas privadas) con el dinero público?
Podríamos seguir enumerando un montón de desaguisados que se están produciendo continuamente en el país, pero los días de mi vida, por desgracia, son finitos, por lo que aunque quisiera no tendría suficiente tiempo de enumerarlos.
Hace poco me he encontrado circulando por internet una cita muy interesante, que define con mucho detalle lo que nos está ocurriendo, con la salvedad de que fue escrita hace muchos años. La cita es de Ayn Rand (1905-1982) filósofa y escritora estadounidense de origen ruso, y dice así:
“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.”
Y como no quiero ser muy pesado, mejor os pongo dos ejemplos gráficos de lo que os hablaba, por aquello de que una imagen vale más que mil palabras, aunque en este caso ambas vayan unidas. Puedes verlos en los dos enlaces de abajo y decidir por ti mismo.
http://www.youtube.com/watch_popup?v=r8WzucA518U
http://www.youtube.com/watch_popup?v=uqDNOfTHbc8

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¿Dónde está nuestra Babwil?

Nuestra mítica locomotora de vapor “La Babwil” (ahora después hablaremos sobre su nombre) que ha intervenido en un buen montón de películas de las que se rodaron por esta zona en los años 60, 70 y 80, al parecer se le ha perdido la pista durante unos meses, sin que nadie supiera a ciencia cierta dónde se encontraba. Parece que un grupo de fieles seguidores de sus derroteros al fin han dado con su paradero; se encuentra en Cataluña, donde se la han llevado para hacer una prueba de tren turístico a Figueras. Pero vayamos por partes.
El nombre de Babwil le viene por contracción de las dos primeras sílabas de la empresa que la construyó, que no fue otra que la Babcob Wilcox. Estoy seguro que todos hemos visto escrito por ahí el nombre de la vieja máquina de vapor de muchas maneras diferentes, pero la forma correcta es la que os muestro. Actualmente, se está también oyendo mucho por ahí el nombre de “La Guadix”, que tampoco estaría mal que se la reconociera por el nombre del pueblo donde tanto trabajó. Máxime cuando ese pueblo, a través de su ayuntamiento, y con el objetivo de que no se convirtiera en chatarra y pudiera tener la opción de funcionar como un tren turístico, se gastó en su total remodelación 60 millones de las antiguas pesetas.
De momento, para lo único que nos ha servido ha sido para prestarla durante dos años consecutivos a Aranjuez, para que sirviera de “Tren de la Fresa”, tren turístico al que los madrileños han sacado su buen provecho, haciendo el deleite de los peques y no tan peques, sin que Guadix haya recibido nada a cambio. Algo incomprensible.
Según comentan desde nuestro ayuntamiento, la empresa que ahora está explotando nuestra Babwil es la Compañía General de Ferrocarriles Turísticos, que sin decir nada, y sin que veamos una contraprestación para con nuestra ciudad, donde sus arcas públicas están famélicas, decidió llevarse la locomotora a Cataluña.
Después de tanto tiempo, lo que más de uno nos preguntamos es ¿por qué puede funcionar la Babwil como tren turístico en Aranjuez y en Figueras, y no puede hacerlo en Guadix? Esa es la pregunta del millón, y estamos esperando que desde el estamento que corresponda alguien nos diga algo. O mejor, alguien haga algo.
Y hablando de la Babwil, no podemos dejar de mencionar a su familia, o sea, los vagones que siempre la acompañaban en su trabajo como cineasta. Según noticias, éstos salieron de Guadix hace unos dos años y nadie sabe hacia dónde dirigieron sus pasos ni donde están en la actualidad. También sería conveniente que alguien responsable hiciera algo al respecto.
No caben más despropósitos. Los accitanos, y muy especialmente los accitanos de La Estación, queremos que nuestra Babwil 140-2054 sea un atractivo turístico de primera línea en nuestra comarca, que mucha falta nos hacen éste y cuantos revulsivos económicos seamos capaces de traer.
Todo, por el bien de Guadix y su comarca.
En el enlace de abajo podrás ver la reconstrucción de la Babwil 140-2054.
http://www.youtube.com/watch_popup?v=46U_-buQHAM

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El gran capital…

El gran capital, ese monstruo que no entiende de otra cosa que no sea el enriquecimiento total, absoluto y a ser posible muy rápido, se sirve de mil maneras para tenernos a todos, sea de una u otra forma, a su disposición.
Uno de sus mayores y más eficientes esbirros son las tan traídas y llevadas agencias de calificación internacional.
Casi todos hemos escuchado últimamente, que éstas han bajado la nota a Grecia, y como si se tratara de la palabra de Dios, media Europa, por no decir Europa entera, se ha puesto a temblar, como si en ello nos fuera la vida, como si fuera poco menos que el fin del mundo.
Y no debemos olvidar, que esas mismas agencias son las que concedieron la máxima calificación a las hipotecas “subprime” o hipotecas basura. Y yo me pregunto, ¿cómo podemos prestar atención a semejantes manipuladores? Puede que tú y yo, que somos neófitos en las lides económicas, quedemos apesadumbrados ante las calificaciones que estas agencias emiten, pero que reconocidos políticos y economistas de prestigio internacional presten atención a semejantes barbaridades, no me cabe en las mientes, salvo si pensamos que esas agencias están controladas por el gran capital, que bailan a su antojo y que nos dicen en cada momento aquello que les interesa vendernos, sea bueno o malo, que al fin y a la postre eso es lo de menos.
No comprendo cómo después del varapalo de las hipotecas basura, alguien escucha a estas agencias, y mucho menos nuestras cabezas pensantes, esos políticos de turno que una vez han llegado a su trono por nada del mundo quieren apearse de él.
Y sin embargo, ¡qué paradoja!, cuando EEUU estuvo al borde de la bancarrota hace poco tiempo, estas agencias callaban como ladrones nocturnos. Os recuerdo que a falta de 10 minutos para la votación en el Senado norteamericano, se daba casi por hecho que EEUU iba a suspender pagos; a última hora un grupo de senadores conservadores apoyó la petición de su presidente y finalmente EEUU no quebró.
Pues durante todo el tiempo que duró la tesitura, ninguna agencia de calificación dijo ni mu, todas calladas como…, ninguna calificaba nada.
Y ahora, el sr. Obama se permite la licencia de darnos consejos económicos a Europa, él, que casi llevó al país a la quiebra.
Las principales agencias de calificación internacional son tres: Las estadounidenses Standard and Poor’s y Moody’s, y la franco-estadounidense Fitch.
Las tres agencias privadas de calificación hacen llover o salir el sol en lo que concierne a la evaluación de la solvencia y la credibilidad de un emisor de obligaciones, ya sea un Estado o una empresa. Existen desde hace cerca de un siglo pero no fue hasta los años 1970-1980, cuando sus negocios se desarrollaron espectacularmente. Hasta los años setenta, eran los compradores potenciales de obligaciones emitidas por los Estados y las empresas los que pagaban a las agencias de calificación para que les dieran sus consejos sobre la calidad de los emisores. Luego la situación se invirtió completamente y son los emisores de obligaciones los que pagan a las agencias para que los evalúen. La motivación de los poderes públicos y de las empresas es, por supuesto, obtener una buena nota ya que así pagarían el tipo de interés más bajo posible a los compradores de sus obligaciones. Recordemos que justo hasta la víspera de la quiebra de Enron en 2001, las agencias de calificación, espléndidamente remuneradas, le atribuían la máxima calificación a este negociante de la energía. En forma similar, en 2008, actuaron con los bancos de negocios Merryl Lynch o Lehman Brothers. Y de igual manera actuaron cuando la crisis de los bancos islandeses en 2008-2009, otorgándoles la máxima nota. Y lo mismo con Grecia en 2009, comienzos de 2010.
Demostraron perfectamente su capacidad de causar daño, de engañarnos a todos y de reírse de todos. Todas esas empresas quebraron. ¡Menos mal que tenían buena calificación!
Y ¿quiénes son los dueños de esas empresas de calificación?, pues muy sencillo, las grandes fortunas del mundo, el gran capital, ese que vela para que nosotros seamos cada vez más pobres y ellos cada vez más ricos.
¡Que Dios nos coja “confesaos”!

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